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La industria de la moda está basada en un sistema que nos lleva a consumir de manera desenfrenada. Es probable que la mayoría de nosotras tengamos armarios con gran cantidad de prendas, y hasta con la etiqueta puesta que muchas veces ni siquiera se adaptan a nuestro estilo y vida cotidiana. 

¿Por qué compramos por las dudas? ¿Por qué compramos porque está a buen precio? ¿Cómo funciona una industria que nos lleva a consumir sin hacernos preguntas? 

Un cambio de paradigma se está gestando, depende de nosotros, se haga realidad. El cuestionamiento del fast fashion, o moda rápida, como sistema incompatible con el medio ambiente, no es una novedad. La industria de la moda es la segunda más contaminante del mundo después de la petrolera. 

En palabras de Mairi Mackenzie, la moda se entiende como:  “el espejo en el que se miran las sociedades en las que existe. Es a la vez un fenómeno cultural y, como tal, reflejo de las actitudes sociales, económicas, sexuales y políticas de una época. Asimismo, la moda es parte esencial en nuestra construcción y comunicación de una identidad social¨. El fast fashion tiene mucho de rapidez pero poco de moda. 

¿En que nos convertimos como sociedad si, para formar parte, perdemos de vista al prójimo? Pensemos de qué géneros se compone una prenda, de cuantos locales, empleados y publicidad está hecha una marca. Si una remera sale 5 dolares es barata solo para vos. Alguien en esa cadena productiva lo está pagando. De verdad, ¿no te hace ruido? 

Como consumidores formamos parte de la misma cadena. Como consumidores, somos responsables.

Acordate de que las tendencias cambian, el estilo permanece. No sigamos siendo víctimas del sistema.